Paisajes de Molina de Segura

Es importante estudiar y analizar el territorio de forma que se puedan entender los cambios que se producen en él, y desarrollar técnicas y herramientas de planificación y control que permitan estimar y evaluar los cambios de uso del suelo que tanto afectan a la política regional y al medio ambiente local y, en general, al paisaje de un territorio.

El Gobierno de España, con el impulso de los Ministerios de Medio Ambiente y Cultura, Comunidades Autónomas, Instituciones y expertos, ratificó el 26 de noviembre de 2007 el Convenio Europeo del Paisaje (20/10/2000), que tiene como objetivo fundamental promover la protección, gestión y ordenación de los paisajes europeos, entrando en vigor el 1 de marzo de 2008.

El Convenio insta a los estados signatarios a implicar a las administraciones locales y regionales en la definición y puesta en funcionamiento de políticas de paisaje, e identificación y calificación de los paisajes y también en la definición de objetivos de calidad paisajística.

El 5 de noviembre de 2002, el Instituto para el Patrimonio Histórico Español, perteneciente al Ministerio de Cultura, preparó una Propuesta de un Plan Nacional de Paisajes Culturales, que contempla la creación de una Red de Información sobre Paisajes Culturales a escala nacional, y la constitución de una Comisión Técnica para el desarrollo del Plan, integrada por técnicos de la Administración y expertos por ellos designados.

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La Comunidad Autónoma de la Región de Murcia tiene atribuida, en virtud del artículo 10.1.2 de su Estatuto de Autonomía, la competencia exclusiva en materia de Ordenación del Territorio, orientada a posibilitar y encauzar las iniciativas públicas y privadas de singular importancia en este ámbito de la ordenación territorial, incluyendo las relativas a mejora, sensibilización y revalorización de los paisajes de la Región.

El paisaje se define como un espacio que percibe la población, cuyo carácter es el resultado de la acción y la interacción de los factores naturales y/o humanos, lo que implica que deben ser tenidas en cuenta las opiniones y percepciones de todos los grupos y no únicamente las opiniones de los expertos o de los políticos.

La participación de la población implica una amplia consulta con todas las personas, organizaciones y órganos administrativos en los distintos niveles. Un enfoque participativo, basado en el diálogo, significa que los valores asignados a los paisajes por los diferentes grupos tendrá que ser objeto de negociación y consenso por las distintas partes implicadas. La población debidamente sensibilizada y educada, deberá ser animada a ver y a reconocer “su” paisaje, a disfrutar del mismo y a participar en las decisiones sobre su conservación.

La administración debe comprometerse a reconocer jurídicamente el paisaje como elemento fundamental del entorno humano y su identidad; a definir y aplicar políticas del paisaje destinadas a su protección, gestión y ordenación, estableciendo mecanismos de participación pública; y a integrar el paisaje en todas aquellas políticas sectoriales que puedan tener efectos directos o indirectos sobre el mismo (ordenación territorial, urbanismo).

La ausencia de estudios y trabajos sobre le paisaje y más concretamente en el aspecto puramente visual hace plantearse la necesidad de enfocar las líneas de acción municipal hacia este campo. Aspecto éste necesario para contribuir a la protección, conservación y mejora de los paisajes de Molina de Segura.

Con el paso de los años, muchas perturbaciones van modelando el paisaje, por lo que el estudio, catalogación y sensibilización sobre este aspecto ambiental, es la forma más clara de indicar las perturbaciones que en él se presentan, ya sean producidas por fenómenos naturales o intervenciones humanas.

Molina de Segura presenta un relieve poco accidentado pero complejo, núcleos rurales, zonas agrícolas, bosquetes, ríos y ramblas, componen un abigarrado mosaico paisajístico de este municipio. Sólo desde algunos puntos más altos del territorio es posible obtener vistas panorámicas y percibir la participación que el resto de componentes tiene en la estructura paisajística de la zona. La vegetación y los usos del suelo aportan una cierta diversidad en cuanto a textura y línea. Se combinan las texturas finas y homogéneas poco contrastadas de las zonas cultivadas, con las texturas gruesas y densas de las repoblaciones.

El río Segura riega la Vega de Molina, formada por un rosario de regadíos que se escalonan a lo largo de su cauce. A través de ella se verifica la transición entre los tramos fluviales del norte del límite municipal, y el sur: el valle se hace más amplio, las montañas se alejan del curso de agua y las dotaciones hidráulicas comienzan a ser más bajas. Las zonas regadas a orillas del Segura han sido históricamente el núcleo vital del municipio, y su eje demográfico y económico.

Las estribaciones de la sierra de la Pila, al norte son de escasa altura y la transición se verifica suavemente por medio de los denominados localmente “cabezos”. Esta característica ha facilitado la expansión de los cultivos de secano primero, después las plantaciones de olivos y almendros, y ahora cítricos y otros cultivos de regadío.         

Un último e importante factor a destacar es que se trata de un área muy humanizada en su sector centro-sur, en la que las actuaciones (núcleos urbanos, carreteras, edificios, etc) se concentran en torno al centro urbano histórico.